Bares y clientela 12/03/2015

El 12 de marzo de 2015 La Voz de Galicia realizó un reportaje con un análisis del ruido nocturno en Santiago de Compostela. El titular fue: “En busca del origen del ruido nocturno. Vecinos afectados y hosteleros discrepan sobre la procedencia de las molestias”.

Analizamos la doble falacia.

1ª falacia: Disociar la actividad del local de hostelería del ruido de la clientela en la calle 

No se puede disociar el ruido de la calle de la actividad del local de hostelería. Porque los noctámbulos son CLIENTES de los bares. Es decir el origen del ruido procede del bar abierto de madrugada que atrae clientela. Las personas que pasean en horario nocturno por la ciudad histórica, son CLIENTES de bares, en muchos casos atraídos por las actuaciones culturales y musicales no autorizadas en estos locales.

Es evidente que los del trasiego nocturno NO son clientes de la Plaza de Abastos que quieren comprar grelos, NO son usuarios de la Biblioteca Xeral de la USC, pues Plaza de Abastos y Biblioteca Xeral estan cerrados en horario nocturno. Confirmamos entonces que las personas del trasiego nocturno son CLIENTES de bares.

La consecuencia de esta concurrencia pública de clientes de bar en horario de madrugada son molestias que impiden el descanso de los vecinos en la ciudad histórica. La Constitución Española en su artículo 45 reconoce el derecho a gozar de un medioambiente adecuado para el desarrollo de la persona.

Los locales de ocio nocturno pueden estar insonorizados pero son de reducido tamaño y la gente acaba tomando las copas en la calle en los accesos del local, conversando y vociferando. La euforia del alcohol es imposible de contener, por mucho cartelito inútil de Falar Baixiño que impriman y coloquen. Por cierto, señores hosteleros nocturnos ¿porqué en lugar de esos cartelitos inútiles no colocan ustedes en sus locales la placa obligatoria con identificación de su licencia? Sería verdaderamente eficaz, no mero postureo.

postureo fala baixiño
Cartelitos hipócritas. ¿Porqué los bares no colocan la placa obligatoria de su licencia en lugar de estos cartelitos?

¿Son zombis nocturnos? 

Para que la falacia e ilógica argumentación no se les derrumbe y pueda así convencer a aquellos que se dejan engañar, los bares evitan explicar esa estrambótica reunión de gente en la ciudad histórica en horario nocturno.

¿Aparece acaso ese gentío, esa afluencia humana de forma espontánea y sin objetivo común?

¿Surge mágicamente ese mogollón acudiendo en tropel a la ciudad histórica por la noche sin intención previa?

¿Deciden esos grupos y pandillas deambular como zombis nocturnos, merodeando sin ninguna finalidad?

¿La solución será que el Consorcio conceda subvenciones a los vecinos para tapiar las ventanas de nuestras viviendas? NO. Pues la doble ventana no es suficiente en la mayoría de las viviendas expuestas al ruido nocturno.

Aunque las ondas sonoras que provocan la contaminación acústica sean invisibles, existen y se introducen en nuestras viviendas. Y nuestro domicilio es inviolable según el artículo 18.2 de la Constitución Española. La inmisión de ruidos molestos en el ámbito doméstico constituye una infracción del derecho a la intimidad personal y familiar y un quebrantamiento de la inviolabilidad del domicilio. Son derechos fundamentales vulnerados sin que el Concello adopte las medidas adecuadas en el cumplimiento de sus obligaciones.

Aunque el Concello lleva décadas minimizando el ruido nocturno, para no enemistarse con el insaciable sector de la hostelería nocturna, el problema existe y es un problema crítico para el futuro de la ciudad histórica.

Aunque algún representante hostelero con descaro y prepotencia pretenda expulsarnos de nuestras viviendas para que medre la ganancia de la hostelería nocturna vulnerando nuestros derechos, los vecinos nos defenderemos y no nos iremos.

No son zombis, son clientes de bares

Pensemos con claridad, que no nos confundan. La lógica indica que esas personas que acuden de madrugada a la ciudad histórica, acuden porque “van de copas”, es decir son CLIENTES DE BARES, NO son simplemente personas que deambulan por casualidad.

Cuando ese CLIENTE DE BAR se detiene en la calle portando un vaso en la mano ese vaso no cae del cielo o se transporta desde casa, como si fuera un atrezzo o un postizo, ese vaso se compra en el bar, es una consumición. Y entonces el cliente sale con su consumición a la calle. Y entonces esa suma de clientes beodos o sobrios comienzan a vociferar y cantan eufóricos el Himno del Madrid o cualquier cantinela. Cuando han bebido alcohol de más vomitan, cuando han bebido de más ya han perdido el civismo pues miccionan, defecan o rompen retrovisores de coches como los colegas de Paula Quinteiro…

El ruido en las calles por la noche no es ajeno a los bares, sino que al contrario es consecuencia directa y derivada de la alta densidad de locales de ocio nocturno dedicados a una actividad que por su propia naturaleza provoca concentración de personas en horario incompatible con el descanso.

El ruido nocturno constituye un problema ambiental de primer orden y es competencia municipal proteger al ciudadano frente a la contaminación acústica. La ciudad histórica es una zona residencial y en la ordenanza de ruido se contempla esta afectación a la vida de los residentes. Los titulares de los locales de ocio son responsables de la consumición de bebidas fuera del establecimiento. Se considera al titular del bar responsable, por cooperación necesaria, de las molestias que se pueden producir en el exterior.

NO, en la noche compostelana  NO impera el silencio. Impera el desorden y el ruido.

2ª falacia: Entronizar la cultura

Entonces, una vez explicada que es falsa esa deliberada disociación entre bares y las personas congregadas de madrugada que quieren convertir en “verdaderos culpables” del problema acústico, eximiendo a los bares del problema, la segunda falacia que cala como demagogia, es invocar y entronizar la cultura como actividad con patente de corso. Como si la simple mención de la palabra cultura justificase cualquier incumplimiento, como el hecho de que bares o cafeterías sin licencia para ello programen actuaciones musicales.

Conclusión

La ciudad histórica es un basurero acústico. No cabe un decibelio más, por eso nos negamos a la ampliación de más actividades (del tipo que sean) que conviertan la ciudad histórica en foco de atracción. Esto es insostenible. 

Ampliar actividades generará más acumulación de personas, ampliar actividades atraerá y congregará más clientela en la madrugada. Y colateralmente aumentará el tránsito de personas en el circuito de los bares, con lo cual es seguro que aumentará alboroto. Es decir se agravará el problema, cuando lo necesario es corregirlo.

Ampliar actividades y aumentar focos aumentará el bullicio y los decibelios, sean estos procedentes de los  propios bares o del vociferio o griterío de su clientela.

Pensemos con claridad, y defendamos nuestra ciudad y nuestra calidad de vida, que no nos confundan.

No tragamos con falacias o argumentos interesados que benefician al sector hostelero  nocturno.

El Concello tiene obligación de cumplir y hacer cumplir las ordenanzas de ruido y convivencia. 

El Concello debe proporcionar a la Policía Local aparatos de medición de ruido sonómetros para realizar mediciones en el momento en el cual se produce la infracción.

El Concello tiene obligación de controlar las licencias y vigilar las actividades de los locales de hostelería. 

El Concello debe implantar medidas correctoras y paliativas para disminuir el nivel sonoro exterior hasta situarlo dentro de los límites correctos (55 dB en horario nocturno)

Basta ya de prepotencia y excesos de los hosteleros nocturnos que degradan nuestra ciudad.

La Voz de Galicia 15_03_2015

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LaVoz

La Voz de Galicia 15/03/2015: En busca del origen del ruido nocturno.

En busca del origen del ruido nocturno

Vecinos afectados y hosteleros discrepan sobre la procedencia de las molestias

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XOÁN A. SOLER
MARGA MOSTEIRO 
SANTIAGO / LA VOZ 

«Ya aislé las ventanas en los años 90 y dejé el trabajo hecho para el resto de los tiempos». Así resumía un residente de la calle Travesa la situación que se vive durante las noches de los jueves en el casco histórico. Aunque en su calle el ruido es «casi historia», todavía sufre las consecuencias del tráfico nocturno de las huestes de noctámbulos que deambulan entre una y otra zona de movida y que altera el sueño de los residentes.

El jueves 12 de febrero pasamos revista a la noche compostelana y se pudo comprobar que, al menos en esa madrugada, la fiesta ya no es la que era. Ya sea porque la crisis resta recursos a los jóvenes, porque la Universidade impone la asistencia obligatoria o porque no era el día, el caso es que los pubs y las calles no estaban de bote en bote como ocurría en otras décadas.

El Franco, puntual

La primera parada fue en la rúa do Franco. A las doce de la noche, las puertas que estaban cerradas eran la mayoría y en los locales que aún seguían abiertos solo quedaban trabajadores limpiando. «En media hora non quedan nin as formigas», sentenció uno de los veteranos, que recuerda «aqueles anos nos que apuraban a noite ata a unha, polo menos».

La segunda parada nos lleva a la Rúa Nova. A la una, La Tita ya estaba cerrada y en el Copas Rotas cinco chavales apuran sus pitillos en la puerta. Solo se oyen los murmullos de quienes miran de reojo al fotógrafo que inmortaliza el momento.

Es la una y media y, al fin, aparecen vestigios de marcha. En el Retablo se acumula un grupo de ocho jóvenes que esperan la autorización del portero para entrar. En la calle no se escucha la música que aturde en el interior. En la sala de una de las casas próximas a este local se oye un lejano murmullo de los que aguardan, pero en las habitaciones no se oye nada. «Más tarde se puede escuchar algún grito de los que van hacia la parte alta» de la vieja Compostela, asegura un morador de esta calle.

 

El sonido de unas voces nos lleva hasta la plazuela de San Paio, donde un grupo de siete personas conversa animadamente junto a la puerta cerrada de otro local. Tampoco se oye música, pero sus voces son las más intensas escuchadas hasta ahora.

Ya son las dos y una residente de la rúa Acibechería nos permite acceder a su casa. Conchi, nombre ficticio, asegura que «es imposible conciliar el sueño» por el exceso de ruido que se cuela por las ventanas y paredes. Aunque no podemos acceder a la habitación donde dormía un familiar, insiste en que en la cocina y en las estancias se escucha el ruido de la plazuela de San Paio. Tras mi comprobación mentiría si dijera que se escuchaba algo más que el motor de la nevera y el tictac de un reloj. En la sala, la cosa cambia. El bullicio de los que pasan hacia Cervantes es molesto y resulta incompresible la necesidad de los jóvenes de llamarse a voces pese a estar a menos de un metro de distancia. En la Casa das Crechas hay que hablar a gritos en su interior, pero fuera solo se oye el susurro de los fumadores, que reflexionan: «Si no hubiera locales abiertos, estaríamos hablando de inseguridad. ¿Quién iba a pasar por estas calles de noche? Nadie.

La vecina de Acibechería asegura que en verano, con las terrazas, la situación se torna en «pesadilla» y que la música hace vibrar las paredes hasta la «desesperación». La verificación de sus palabras tendrá que esperar.

La música no se escucha en la calle, donde el paso de gente es constante

Las rúas Entremuros y Casas Reais son el epicentro de la movida.

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