Es preciso eliminar de nuestro vocabulario el eufemismo “botellón”: Debemos referirnos a ruidos, vandalismo y suciedad producidos por grupos de jóvenes alcoholizándose.

Tras el eufemismo “botellón” se esconde el incumplimiento de la normativa por parte de los ayuntamientos, que han legislado prohibiendo ruidos, vandalismo y suciedad. Se trata de alcoholismo consentido en un espacio público. Los concellos no hacen cumplir las ordenanzas y permiten que en un espacio público grupos de jóvenes puedan alcoholizarse sin vigilancia, degradando y ensuciando el entorno, actuando vandálicamente y emitiendo ruidos que molestan a los vecinos.

La permisividad de los Concellos los convierte en patrocinadores y promotores de estas reuniones, que no son en absoluto representativas de la mayoría de la juventud, sino todo lo contrario. Opinan que estas reuniones de jóvenes alcoholizándose (no representativas de la totalidad de la juventud) son un “problema de organización de su tiempo de ocio”. ¿Organización del ocio de un sector de los jóvenes? A nosotros nadie nos organizó nuestro ocio juvenil, además no lo hubieramos permitido, nuestro ocio no consistia en infringir la ley ni molestar a los demás. Eramos conscientes de que teníamos derechos y obligaciones y que nuestros derechos no podían pisotear los derechos de los demás, más todavía cuando la actividad es totalmente contraria a la legalidad. Lo que exigimos los vecinos es que las personas reunidas para embriagarse y enajenarse nos dejen organizar nuestro descanso nocturno que casualmente está amparado en las leyes, esas que los Concellos se niegan a cumplir.

Opinan que el `botellón´ es socializar. Socializar no es embriagarse sin límite perdiendo el juicio. Socializar supone la capacidad de compartir espacio de forma civilizada. Se trata de un retroceso, la vuelta a los orígenes: con lo que ha tardado la naturaleza en alzarnos sobre dos piernas, ahora algunos políticos promocionan que los jóvenes vuelvan a caminar a cuatro patas.

También opinan que no se puede criminalizar, demonizar o acusar al `botellón´, es una obviedad, simplemente porque el “botellón” no es un ente que exista, es una reunión de personas que incumplen la normativa sin vigilancia municipal. No podemos divagar, hay que ser claros y concisos: La acusación debe ser individual, a cada uno de los infractores de la ordenanza y también a los que no ejercen las funciones de vigilancia del cumplimiento de la normativa, o sea a los concellos y a sus alcaldes.

Si los concellos no asumen el deber y la responsabilidad de exigir el cumplimiento de la legalidad a unos,  que derecho les asiste para exigir el cumplimiento de las normas al resto de los ciudadanos. ¿O es que la ley les permite exigir de forma caprichosa el cumplimiento de las leyes a unos si y a otros no? ¿Que pretenden? ¿la insumisión vecinal? ¿O es acaso que los comportamientos dictatoriales son los que más se acomodan a la naturaleza de nuestros dirigentes? La democracia es lo opuesto al comportamiento arbitrario y caprichoso, hemos luchado para conseguir un ESTADO DE DERECHO no este sucedáneo que nos pretenden entregar.

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